16 de agosto de 2008

Londres



Primero, odio este blog. Odio tener blog. Odio que lo distintivo sea ser lo igual.
No estoy mal, no estoy bien.
Hoy me preguntan - ¿Cómo estas? -, yo contesto – Bien, bien, que se yo -, me dicen, - ¿Qué se yo por qué? -.

Yo ahí tengo que comenzar a explicar la difícil respuesta a esas dos palabras que en realidad, como pregunta en si, no existen.

Y él me dice – Uh, yo estoy bien -, yo le pregunto - ¿Y porque estas bien? (con un aire incrédulo, bordeando lo resentido)- , y me responde – Y, el sol sale a la mañana y es hermoso. La luna me acompaña, aunque a veces, me deja solo un rato. Hago esas cosas y las acompaño tocando el bajo (yo, ante esta “explicación” me siento ínfima).
El me pregunta - ¿Por qué estas “mal”?, yo respondo – No estoy mal. Simplemente me siento como si estuviera viviendo en Londes, totalmente tapada por una capa densa de niebla, acuarelas grises y desesperanza. Pero, lo peor, es que me siento así sin estar en Londres. Lo copado sería, aunque sea, estar ahí, sufriendo igual, pero sin la visión devaluada de la sociedad que me rodea, que al fin y al cabo es “La sociedad” concebida para mi. –

A partir de lo que dije, él, dejo de hablarme por un rato. Hasta que evadió lo metafísico preguntándome - ¿Seguís de novia?-

Odio a la gente, hasta esos a quienes considero iguales. A quienes elegí para compartir el sufrimiento y quienes, de vez en cuando, me dejan obnubilada por su crudeza.

Y hoy, justamente hoy, no debería estar mal. Pero sí, no solamente estoy mal sino que cada tres mensajes de texto, dos llamadas y veinte palabras, mi estado varia radicalmente.

Y la verdad, me canse de mí. De los colores y del smog que quiere ser niebla y lo único que hace es componerse y descomponerse de desechos industriales.

1 Comment:

Pooly said...

el smog, la gente, este mundo... nosotros..
nos cansamos de nosotros mismos..
agotamiento...
cansancio, en el medio del océano a veces ya no hay fuerzas para una nueva brazada, pero ya estamos muy lejos de la costa... y el viaje se puede volver alucinante..
el destino es hermoso, porque no es ni más ni menos que adonde queremos llegar..

Un abrazo!